PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE UN INMUEBLE 03-12-2007 GTM 1 @ 18:11
nadjaaa —He conversado con muchas personas que me dicen que la escuchar la palabra inmobiliario, inmediatamente su mente se imagina una serie de trámites engorrosos que tienen que ver con tasas de interés, hipotecas y demás figuras legales por las que se tiene que pasar. Esto de hecho es así y son normas legales por las que se tiene que pasar si es que uno pretende hacerse con un inmueble. Pero esa es sólo una parte de lo que se debe hacer cuando buscamos la propiedad de un inmueble. Además debemos contactarnos con un acertado agente inmobiliario que sepa dar una lectura precisa a nuestras necesidades y nuestros gustos para sugerirnos una serie de alternativas sin perder de vista lo relacionado a la financiación del inmueble. Digamos que esa es la parte fea del proceso. Pero nuestra mente puede ir más allá y concentrarse en el futuro que nos espera, podemos hacer una proyección de nuestros más anhelados sueños cuando de pensar en el inmobiliario se trata. Al respecto conversaba con mi esposa y planteábamos una serie de alternativas respecto a lo que siempre quisimos tanto en nuestras vidas de solteros como ahora que ya formamos pareja.
Recuerdo que cuando era soltero, mi idea fundamental era independizarme de mis padres y vivir sólo. La sola idea de tener que estar compartiendo el inmobiliario con personas de otra generación ya era insostenible a la edad de veinte años. La generación a la que pertenecen mis progenitores tienen una escala de valores muy similar a la mía pero el punto de quiebre es la rigidez. En efecto, creo que el principal problema, común a toda esa generación, es que no se han sabido adaptar al paso del tiempo. Una clara muestra de esto es el tema de las fiestas. Mis padres me cuentan que en sus tiempos las fiestas arrancaban muy temprano, tanto como las tres o cuatro de la tarde y a eso de las once de la noche ya todo el mundo se encontraba de vuelta en sus respectivas casas. Evidentemente pretender establecer un horario similar en estos tiempos es poco menos que una locura. Y justamente ese fue el mayor punto de discusión con mis padres, no querían o no podían entender que las reuniones de jóvenes arrancan a las diez de la noche y se prolongan hasta las primeras horas del amanecer y más. Tuve muchas riñas con mi padre por el tema de los permisos, era imperiosos para mí salir de mi casa por este tema pues ninguno de los dos estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. El segundo gran punto con que me tuve que enfrentar de joven, fue el tema de la privacidad. Por más que el inmobiliario sea grande, la privacidad implica ausencia de personas que no deben estar presentes en una determinada escena. Esto se hace muy latente cuando uno está con su pareja. Podemos estar en un ambiente de la casa, pero siempre rondará el fantasma de la inoportuna aparición de un tercero. Fue así que a los 21 años de edad, junté un poco de dinero y pude rentar una habitación de pequeñas dimensiones pero de gran privacidad. Ahora recuerdo con nostalgia que ni siquiera les di la dirección a mis padres ya que me preocupaba mucho que me fueran a buscar constantemente. A ese grado de hipersensibilidad llegué.
El caso de la que ahora es mi mujer fue distinto. Ella gozaba de mayor grado de libertad pues eran un total de siete hermanos a diferencia de mi caso que era yo el único hijo. Evidentemente aquí la obsesión paternalista no es un factor a tomarse en cuenta y la protección sobre los hijos pierde fuerza al repartirse los cuidados entre varios hermanos. Pero, como digo, el caso de mi mujer fue distinto, pues quedó embarazada a la temprana edad de 17 años. En ese momento se armó un gran revuelo en su hogar, pues su padre era el destacado juez de un tribunal y evidentemente era una afrenta para su hoja de vida y más en esos tiempos. Fue así que mi mujer quedó prácticamente proscrita y se marchó del hogar. Afortunadamente contó con el apoyo de una de sus amigas quine le ofreció alojamiento en su hogar mientras se resolvía su situación. Al mismo tiempo pudo hacerse con un trabajo y salió adelante poco a poco. En mi caso se puede decir que me acerqué a la idea de inmobiliario que tenía en mente originalmente, pero en el caso de mi mujer fue bastante distante de su propia idea de hogar. Ahora que vivimos juntos hemos decidido cumplir nuestros sueños originales y hacernos con un inmueble en las afueras de la ciudad aunque primero tengamos que pasar por todos esos trámites que todos quisiéramos evitar. Hemos prometido no hacer pasar a nuestros hijos todas las penurias que nos tocó vivir a nosotros en su momento.
CASA GRANDE, MENTE ESTRECHA 30-11-2007 GTM 1 @ 17:59
nadjaaa —Existen algunos inmobiliarios más acogedores que otros, ya sea por su ubicación o por la distribución de sus ambientes, pero lo determinante lo marcan los habitantes del inmueble. Cuando se trata de la casa de un viejo amigo, es muy difícil que uno se sienta incómodo y menos el día de su santo. Sin embargo a veces, hay malos entendidos que uno debe saber superar. Me gustaría contar algo que me sucedió el último fin de semana en que, sin proponérmelo, terminé siendo el punto de las conversaciones de una reunión. Eso no tendría nada de malo ni de extraño a no ser porque quien escribe no estuvo presente en dicha reunión.
El motivo de la reunión era por el cumpleaños de mi amigo Renzo. En verdad, el día de su cumpleaños caía en día lunes pero por obvias razones había elegido el día sábado para celebrarlo en su casa en compañía de familiares y amigos. Año con año había sido una tradición reunirnos en la casa de Renzo para celebrar su cumpleaños. Lo más destacable de estas reuniones era el hecho de que el inmueble de mi amigo se convertía por unas horas en el punto de conjunción de varias generaciones. Los más jóvenes compartíamos con los padres de Renzo, sus tíos y también sus abuelos, todos a su vez con sus respectivos amigos, una verdadera fiesta a la italiana. Recuerdo una de aquellas ocasiones en que nos tocó reunirnos. Llegué muy puntual, a decir verdad fui de los primeros en llegar y pude ver como uno a uno iban llegando todos los actores del encuentro. Los amigos del vecindario llegaban juntos, siempre con las bolsas conteniendo el infaltable licor que se bebería en las próximas horas, poníamos la música a buen volumen y empezábamos temprano. Casi siempre la cosa arrancaba a eso de las cinco o seis de la tarde. A eso de las ocho de la noche comenzaba a llegar la segunda generación, vestidos más formalmente y llegando en punto para la cena en compañía de la tercera generación, mejor vestida aún para la ocasión. Algunos iban provistos de guitarras para improvisar unos pequeños cánticos luego de la cena. No sé cómo llegaba a entrar todo el cúmulo de personas pues el inmobiliario no era precisamente un chalet espacioso. En fin, esas reuniones se prolongaban hasta muy tarde, siempre en un ambiente de camaradería y respeto.
Sin embargo, este año la cosa amenazaba con ser distinta porque mi amigo Renzo ya no decidía solo. Ahora tenía una novia. El me había llamado la semana anterior con motivo de mi propio cumpleaños y me dijo que pensaba hacer una reunión el día de su santo, como todos los años, pero que la idea era empezar más temprano, a eso de las dos de la tarde y prolongarnos hasta quien sabe que hora según sus propias palabras. Quedamos en que me llamaría para confirmarme bien lo de la reunión y nos despedimos. Pasaron los días y nunca recibí la esperada llamada dando luz verde. El mismo sábado tuve cosas que hacer pero no había ningún apuro porque llegara a la hora que llegara sabía que iba a encontrar buen ambiente y gente conocida. Fue así que a eso de las nueve de la noche, cuando recién pude desocuparme, tomé el teléfono y llamé a Renzo para ver por qué no me había llamado. Grande fue mi sorpresa cuando me decía por el hilo telefónico que la reunión estaba terminando y que él mismo ya se retiraba en compañía de su novia. Me sentí mal en ese momento, había fallado por un malentendido. Noté a Renzo un tanto resentido y me despedí excusándome.
Ya en el curso de los sucesivos días, me enteré por intermedio de un amigo en común que la reunión había estado muy animada como siempre pero que la novia de Renzo había puesto un tope a la misma para poder estar a solas con él en la noche. Era de suponerse. También me enteré que fui el punto de conversación de la reunión gracias a mi inasistencia, se atrevieron a especular que mi novia no me había dado permiso. Pienso que fue una manera de lanzar indirectas a la novia de Renzo por haber fijado límite de tiempo para la reunión. ¿Cómo influye la mujer, verdad?
NI UN RASGUÑO EN EL INMOBILIARIO 29-11-2007 GTM 1 @ 20:44
nadjaaa —A veces los problemas que implica la convivencia no son resultantes del inmobiliario en sí sino de sus protagonistas. Por otra parte, he conocido a muchas parejas que no han podido adaptarse a una vida de pareja porque el inmueble en cuestión les resultaba muy chico. Es lógico pensar que, las personas acostumbradas toda su vida a espacios amplios, como el que ofrecen los chalets de las zonas residenciales, acusarán el cambio y les resultará difícil mudarse a vivir en un pequeño departamento con un sólo dormitorio. En ese sentido se pueden sentir enclaustrados y terminarán por incomodarse en la mayoría de los casos. En el lado opuesto están las personas que por cuestiones de matrimonio pasan a una casa más grande, en ese caso generalmente no hay mayores roces. Sin embargo no es motivo de mi post ilustrar estas variantes del inmueble mismo sino adentrarme en los irregulares terrenos de la relación misma de la pareja como tal. En efecto, son muchos los problemas que pueden surgir dentro de una convivencia, conozco casos que nada tienen que ver con el espacio de un inmueble, cómo lo puede ser ciertas manías de uno de los miembros de la pareja siendo el orden de la habitación uno de los puntos capitales de las interminables discusiones. Una pareja de amigos estuvo separada por casi tres meses a raíz de un problema que surgió a partir de un par de medias que no aparecieron, imagínense. Pero mi caso es un poco más triste.
Empezaré diciendo que la convivencia con mi pareja no es total y, por cuestiones de la vida, se ve reducida a los fines de semana y, eventualmente algún día de la semana en que pernocto en la casa de mi mujer. Sin embargo hemos sabido encontrar nuestro punto de equilibrio en estos más de cuatro años de relación y cada uno goza de sus propios espacios en los que puede llevar a cabo sus actividades. En un comienzo la relación fue un tanto difícil por que ella tenía problemas con su antigua pareja, quien la acosaba continuamente, por mi parte yo también tenía mis propios problemas en casa. Con el tiempo la situación se fue normalizando y hemos pasado cuatro años muy felices compartiendo tristezas y alegrías como todos. La confianza, la sinceridad y el respeto han sido los pilares de una relación en la que ambos nos hemos involucrado por completo y, lo más importante, en un compromiso para toda la vida. Es un sentimiento tan fuerte el que nos une, que no necesita de papeleo municipal ni de la avaluada venia de un sacerdote regordete. Por todo esto, es que ayer me causó extrañeza que mi mujer me reclamara un rasguño que quien escribe traía en la espalda. ¿Será que estos miedos infundados siempre tienen que rondar fantasmalmente las relaciones sinceras? Trataba de hacerle ver a mi mujer que lo más probable es que me hubiese hecho ese rasguño mientras me entrenaba en el gimnasio pero era inútil. Visto en frío, resulta increíble como las personas podamos ser víctimas del propio mundo en que vivimos, trasladamos las escenas de las telenovelas a nuestra propia vida y nos metemos en papeles que no nos corresponden.
Para hacer justicia, debo decir que la actitud de mi mujer es totalmente comprensible puesto que fue víctima de infidelidades en sus anteriores relaciones, una cruz con la que debo cargar injustamente ahora. En efecto, la desconfianza es un acto totalmente natural y puede llegar a instalarse peligrosamente en medio de una relación. Pero la solución está en la propia persona, basta con que haga un balance de los momentos vividos y sepa valorar las acciones de su pareja en la actualidad. En lo que a mi respecta debo decir que ni siquiera me pasa por la cabeza hacerle daño a mi mujer y, aquí viene lo más importante de todo, soy totalmente consciente de esto en todo instante. De sólo imaginar su decepción, me moriría en ese mismo instante.
INMUEBLES ACONDICIONADOS PARA ENRIQUECERSE 28-11-2007 GTM 1 @ 19:08
nadjaaa —Soy de las personas que espera hasta el último momento para acudir al dentista, no creo que sea la única persona que hace esto pues hay muchos que, al igual que yo, sueñan con una curación espontánea de la caries y la desaparición casi milagrosa del dolor. Esto por supuesto nunca sucede y tarde o temprano tenemos que armarnos de valor y sacar cita con el dentista. En mi caso no puedo dormir la noche anterior, no por el dolor sino por la angustia. Sucede que desde niño nunca tuve buena química con los dentistas, quizá por la ocasión en que me extrajeron varias piezas dentales en una sola sesión, así quién va a querer regresar. En fin, con el tiempo me fui acostumbrando y acudo al odontólogo una vez al año. Por supuesto ya tengo mi dentista de confianza y no dejo que nadie más me atienda, si por alguna razón mi dentista no puede atenderme, postergo la cita hasta cuando pueda. A veces hay que esperar días y hasta semanas pues los odontólogos constantemente están perfeccionándose en base a cursos y congresos internacionales que los hacen ausentarse. Sin embargo, La última vez que acudí al odontólogo reparé en un detalle que hasta ese momento había pasado inadvertido y que, efectivamente, fue corroborado por mi dentista en una larga charla que tuvimos.
Para esto, una de las muelas superiores me había estado fastidiando durante el último mes, el contacto con el agua fría era doloroso al igual que el contacto con el agua caliente, pronto esa molestia se convirtió en dolor al masticar, lo que me hizo cambiar de lado a la hora de comer. Así toreé el asunto por un mes y más, hasta que un buen día, amanecí con esa parte del rostro un tanto hinchada. Fue ahí que recién solicité cita con Juan Antonio, mi dentista. Afortunadamente se encontraba en su consultorio y pudo atenderme ese mismo día. Cuando fui, me revisó la pieza dental y comprobó que estaba en muy mal estado. “Tienes un proceso infeccioso muy avanzado” me dijo, en tono solemne, como le gustaba asustarme. Sabía que estaba en las mejores manos y no me preocupé. “No puedo hacer nada” me dijo y, haciendo una estudiada pausa, completó la frase “hasta que resuma la infección”. Me recetó antibióticos fuertes además de potentes analgésicos para combatir infección y dolor al mismo tiempo, debía tomarlos por una semana al cabo de la cual debía regresar para que una endodoncia me fuera practicada. Era menester de Juan Antonio salvar la muela. Seguí las indicaciones al pie de la letra y me presenté a la semana siguiente, ingresé al consultorio y mi dentista pudo comprobar que la inflamación había resumido, por lo que procedió a la endodoncia. Su técnica es muy buena pues, a diferencia de otros odontólogos que utilizan anestesia en cada una de las cuatro o cinco sesiones que dura una endodoncia, Juan Antonio aprovecha la anestesia de la primera sesión de endodoncia para eliminar todo el nervio de la muela afectada y en las sucesivas sesiones pues ya no es necesario la aplicación de anestesia ya que no habiendo comunicación nerviosa, no hay dolor. Entonces las incomodidades de la anestesia quedan reducidas a unas cuantas horas en un solo día, lo demás es mero trámite. Pero ese no es el detalle al que me refería en el primer párrafo, el detalle tiene más que ver con las políticas de atención al cliente hacia las que se ha orientado el mercado actual de la odontología.
En efecto, conversando con Juan Antonio pude ver que, como en otros negocios, el tiempo de atención al cliente se ha recortado en los consultorios odontológicos. Las buenas noticias son que esto no ha alcanzado a las personas como Juan Antonio que tienen un elevado sentido de la responsabilidad médica. El recorte de los tiempos de atención sucede con mucha frecuencia en los actuales consultorios dentales múltiples, inmobiliarios acondicionados de tal forma que, en base a divisiones en sus estructuras, puedan albergar más de un consultorio independiente. En efecto, las clínicas dentales que tienen más de un odontólogo a su servicio y en las que la consigna es clara, no dedicar más de 45 minutos a un sólo cliente. El principal problema es que los dueños de estas clínicas son grandes capitalistas que han visto en la odontología un lucrativo negocio o, en todo caso, son odontólogos que han extraviado el rumbo y han sacrificado una buena y esmerada atención a favor de la acumulación de ganancias. En este sentido, lo mejor es acudir a consultorios dentales individuales, en donde el dentista en cuestión se tome el tiempo necesario para atender bien a su cliente, sin tener presiones laborales de por medio. Cierto es que los costos suben, pero bien vale la pena si se trata de conservar en buen estado nuestras valiosas piezas dentales. Ni la nobleza de la medicina se ha salvado de la crisis de valores que aqueja al mundo.
LA FALTA DE SEGURIDAD EN EL INMOBILIARIO 27-11-2007 GTM 1 @ 19:52
nadjaaa —La seguridad de un inmobiliario es muy importante y esto cobra mayor preponderancia cuando uno vive solo. En efecto, creo que muchos de nosotros alguna vez hemos tenido que vivir solos y cuando salimos de casa, lo hacemos con un sentimiento de incertidumbre a cerca de lo que encontraremos al regresar. Los grados de angustia pueden ser muchos y he notado que generalmente aumentan con la edad. Cuando se es joven uno sale de casa despreocupadamente sin fijarse como la deja. Años más adelante ya uno empieza a considerar la idea de que algún asaltante se pueda colar en nuestro inmobiliario mientras estamos ausentes, al poco tiempo empezamos a dejar algunas luces prendidas como para indicar que hay gente dentro de la casa. Más adelante ya consideramos la idea de contratar un servicio de seguridad de inmuebles bajo el sistema de alarmas, algunos más confiados le “encargan” su casa al vecino cuando se van a ausentar por un par de días o incluso invitan a algunos amigos o familiares a hacerse cargo del inmueble en su ausencia. Pero no sólo el robo es un problema en cuanto a la seguridad del inmobiliario, también está latente el miedo a un incendio espontáneo que pueda ser provocado por un corto circuito o incluso la posibilidad de una fuga de gas que pueda terminar en una explosión. El tema de la fuga de gas está muy presente en nuestras mentes en los últimos días a raíz de lo ocurrido en Madrid. Ya a cierta edad uno siempre sale de casa y mira bien que las hornillas de la cocina estén apagadas y nos preocupamos en mantener las instalaciones eléctricas en buen estado. Todo esto en cuanto a la seguridad dentro del inmobiliario, pero quisiera hablar un poco sobre la seguridad de uno mismo al interior del inmobiliario y, de nuevo, el tema cobra mayor importancia cuando uno vive solo. En estos momentos se me viene a la mente un ejemplo a raíz de la reciente muerte de Kevin DuBrow, vocalista del grupo de Hard Rock, Quiet Riot, ocurrido el pasado domingo en Las Vegas, Nevada.
En efecto, el pasado domingo encontraron al músico muerto en su residencia. El hallazgo fue hecho por un vecino y confirmado a la cadena de noticias CNN por el propio baterista del grupo, Frankie Banalli, quien solicitó se guarde respeto por la memoria del músico y que se eviten las especulaciones hasta que se conozcan las verdaderas causas del deceso, las cuales prometió se conocerían en breve luego de realizar la autopsia. El grupo Quiet Riot había saltado a la fama en el año 1983 a raíz de la publicación de su álbum Metal Health, el cual tuvo millonarias ventas y logró convertirse en el primer álbum del género llamado Heavy Metal en alcanzar el número uno en las listas de la revista Billboard. Gracias a este logro, el Heavy Metal tomó por asalto la primera escena musical hasta casi principios de la década de los años noventa de la mano de grupos como Poison, Ratt, Bon Jovi, Motley Crue, Cinderella y los propios Aerosmith y Whitesnake que ya venían de años atrás. Kevin DuBrow, era el carismático líder y vocalista de la banda y el que más se preocupó en estos años de mantener la banda unida con sus miembros originales. Sin embargo su excentricidad le valió que lo echaran de la banda en más de una oportunidad, pero al cabo de un tiempo siempre terminaba regresando pues la verdad era irremplazable. Su timbre de voz muy particular lo convertía en el agente ideal para este estilo de música y ahora será muy difícil cubrir ese vacío. Los que tuvimos oportunidad de asistir a uno de sus conciertos pudimos comprobar la calidad de esta banda que no fue captada en su real dimensión por las mayorías pese a ser cuna de grandes músicos como Randy Rhoads, quien tocara junto al legendario Ozzy Osbourne, y Rudy Sarzo quien hiciera lo propio además de colaborar con Black Sabbath en una temporada. Los mayores éxitos de la banda sin duda fueron los covers que hicieron de temas del grupo Slade, los arreglos de temas como Cum On Feel The Noize o Mama Weer All Crazee Now son simplemente excelentes.
Pero volviendo al tema de la seguridad de la personas que viven solas al interior de sus inmobiliarios, quizá sea conveniente tener una especie de alarma o sensor que pueda advertir cuando el residente cae al piso y nos se levanta, esto daría tiempo a los servicios de emergencia para llegar en auxilio de la persona. Se puede pensar que un sistema de cámaras en circuito cerrado podría ser útil pero eso representaría una invasión de la privacidad. En el caso de un músico de rock, la familia y amigos siempre deben estar pendientes pues es conocida su relación con el alcohol y las drogas y, muy probablemente, esta pudo haber sido la causa del deceso de Dubrow.
PASANDO DE UNA CASA A OTRA 26-11-2007 GTM 1 @ 17:28
nadjaaa —Sin duda que las cosas obtenidas con mayor esfuerzo se disfrutan y se valoran más, además resultan ser muy duraderas aunque sea en una esfera espiritual, su recuerdo se hace indeleble y si es un objeto material, prácticamente se convierte en un objeto de culto por parte de nosotros. Una especie de trofeo que queda como prueba de haber ganado una dura batalla. En mi caso el recuerdo está asociado a un par de botas tejanas, bastante costosas y que supusieron un gran esfuerzo de mi parte que quiero contarles en este post.
La historia ocurre cuando contaba con veinte años de edad aproximadamente. Había salido de la escuela e ingresado a la universidad, me encontraba cursando el tercer ciclo de mi carrera cuando los problemas económicos se hicieron presentes en el seno familiar y mis padres ya no pudieron seguir costeándome los estudios universitarios. La coyuntura fue de difícil asimilación por quien esto escribe, que estaba por demás acostumbrado a recibir todo de sus padres. Esto creaba el contexto ideal para la valoración del propio esfuerzo que vendría a continuación y la consiguiente alza en la autoestima, bastante golpeada a raíz del abrupto abandono de la universidad. Luego de desatada la crisis, pasé cerca de un mes sin hacer nada, me sentía mal, desmoralizado y sin ganas de iniciar ningún proyecto, algo que con veinte años de edad ya es infrecuente de por sí. Por otra parte el mundo seguía girando y, como todo joven, necesitaba dinero para cubrir ciertas necesidades por lo cual decidí buscar algún trabajo mientras la crisis se resolvía. Es así que, cogiendo el periódico empecé el trabajo de peinado y descarte de los innumerables avisos de empleo, los leía todos, desde jefe de cocina hasta agente inmobiliario. Acudí a un sin número de citas, algunas más decepcionantes que otras en las que había que vender una refrigeradora a la semana como mínimo para poder cobrar un sueldo. Ni hablar, necesitaba algo más rápido y directo, que no requiriese mucha destreza, pues carecía casi totalmente de experiencia. Y el destino me ayudó. En una de las reuniones de jóvenes conocimos a un chico que trabajaba de mensajero, era un trabajo sencillo y no se dependía de nadie, te daban tu trabajo temprano en la mañana, terminabas y te retirabas y cobrabas tu sueldo cada quince días. Era perfecto para mí y le solicité detalles acerca de algunas direcciones dónde podía acercarme a buscar ese tipo de trabajo.
A la semana siguiente acudí a una de las direcciones obtenidas y al día siguiente ya estaba empezando a trabajar, el destino me sonreía. Estaba equivocado. El primer día me dieron un paquete de sobres con las respectivas direcciones de los inmobiliarios a los cuales debía dirigirme, el plano de calles de la zona donde estaban las viviendas y el dinero para los pasajes del día. Terminé bien ese día, al día siguiente lo mismo y así por dos semanas, luego aumentó mi carga de entregas y ya no terminaba tan temprano, al mismo tiempo las zonas iban cambiando y había que caminar más, al cabo de un mes el trabajo me consumía, estaba más delgado que de costumbre y terminaba muy cansado, con los pies muy hinchados. Soporté un mes más y luego me retiré, era demasiado, mi gran altura junto con mi elevado empeine no me permitían caminar durante espacios de tiempo tan extensos. Ahorré todo el dinero de esos dos meses y separé una parte para comprarme un par de hermosas botas tejanas que había visto durante uno de mis recorridos por las calles. Cuando me las probé me quedaban ajustadas pero el vendedor me indicó que el cuero era así, debía ajustarme porque de lo contrario se deformaría con el tiempo. Debía aguantar un par de semanas así y el cuero de la bota se amoldaría a la fisonomía de mi pie. El vendedor no mintió, al cabo de quince días de usar las botas de arriba para abajo, me quedaban como la más cómoda de las sandalias. Han pasado más de diez años y aún uso y conservo mis botas en perfecto estado.
posicionamientowebespana.com 15-11-2007 GTM 1 @ 12:23
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LOS ALÉRGENOS EN EL INMOBILIARIO 12-11-2007 GTM 1 @ 22:25
nadjaaa —En ocasiones se pueden presentar algunos problemas dentro del inmobiliario, al leer esta frase uno inmediatamente se circunscribe a problemas de índole familiar que siempre resultan incómodos, esas molestas situaciones por las que a nadie le gusta atravesar. Sin embargo me estaba refiriendo a problemas estrictamente de ubicación, mejor dicho de distribución de cosas al interior de un determinado inmueble. El problema puede aparecer tanto por exceso como por defecto. Por ejemplo, conozco personas que tienen una propiedad demasiado grande para sus necesidades, generalmente producto de una herencia o de una coyuntura en la que repentinamente aparecieron solos al mando de un caserón. En estos casos uno de sus problemas es el “rellenado” de las múltiples estancias y habitaciones del inmueble, con cuadros o muebles, adornos y excentricidades que ayuden a que la casa no se vea tan vacía. El segundo gran problema al que se enfrentan es el tema de la limpieza ya que es mucho espacio por cubrir y generalmente se deben contratar hasta tres personas que se hagan cargo de estos menesteres. Pero la limpieza es un tema que también atañe al otro gran grupo en discusión, es decir a los que habitan en un inmobiliario de dimensiones reducidas.
En este caso el problema no pasa tanto por la contratación de personal que realice la labor de limpieza ya que incluso la puede hacer la persona que habita el pequeño inmueble, sino por ciertas cosas que pueden contribuir a la no limpieza del mismo. He notado que un gran problema se presenta con las cosas guardadas por mucho tiempo y que no reciben una ventilación adecuada. Por ejemplo en el caso de las prendas de vestir, éstas cogen un olor muy particular que, al menos en mi caso, me producen una alergia espantosa. Al estar guardada por algún tiempo, la humedad hace su trabajo y crea el entorno perfecto para el desarrollo de ácaros y toda una gama de alérgenos que obstruyen las vías respiratorias con rapidez. Otro punto aquí es que muchas veces guardamos la ropa que no corresponde a la estación en que estamos si antes lavarla, en cualquier caso lo mejor es ventilar los cajones de ropa todas las semanas para evitar que este entorno prolifere y se traslade a todos los puntos del pequeño hogar.
Hay otro punto al respecto de la limpieza en el que puedo hablar por experiencia propia, ya que tengo un pariente que le gusta coleccionar revistas antiguas. Esto es problema ya que estas revistas por lo general ya se encuentran con hongos impregnados desde hace muchos años, es más, cuando se adquieren en ferias o remates ya vienen en ese estado por lo que su total recuperación es muy difícil. Al guardar estas revistas en ambientes cerrados y pequeños contribuimos a que los hongos ya existentes produzcan nuevas colonias. Aquí lo recomendable es habilitar un armazón en el patio trasero o en todo caso muy cerca de una ventana para que las constantes corrientes de aire mantengan a raya las colonias de hongos. Indudablemente habrá que evitar poner el mencionado armazón cercano a zonas que puedan presentar humedad como grifos o paredes por las que pase la red de tuberías que llevan agua hasta nuestro inmueble. Otra gran recomendación es el cultivo de flores y plantas en los interiores del inmueble para de esta forma contribuir con la oxigenación adecuada del lugar.

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