El Art Deco en mi casa
Siempre quise saber como era vivir en un museo con todas sus piezas artísticas, colgando de una pared o sobre alguna repisa que las sostenga y desde la cual se pueda apreciar toda su belleza, o tratar de entender su contenido, ya que muchas veces quedaba confundido al ver obras de arte, sobre todo las vanguardistas, expresionistas y abstractas, que no llegaba a entender del todo. Por eso cada vez que volvía a mi casa del museo deseaba llamar al agente inmobiliario y decirle que me consiga todas las piezas de arte que pudiera para poder colocarlas en mi casa y así jactarme en frente de mis amigos además de haber cumplido mi sueño. Pero luego volvía a mi realidad y me daba cuenta de que no podía pagar las obras de arte como las que veía en el museo y por lo tanto no podía llegar a cumplir mi sueño. Sin embargo, pronto cambió este panorama para mí y me di cuenta que no sólo lo del museo es arte.
Descubrí, gracias a una visita a una exposición de Art. Deco, que el arte puede encontrarse en muchas piezas que se pueden situar en un inmueble. Así por ejemplo sillas, ceniceros, mesas, muchas otras cosas más, las fui adquiriendo poco a poco para llenar mi hogar de elementos considerados como obras de arte, y que ciertamente me gustaban mucho pues mantenían un estilo que se adecuaba bastante bien al espacio con el que contaba en casa para cualquier remodelación.
De manera que procedí a adquirir cierta cantidad de objeto de Art Deco, y que fui colocando en mi casa para poder contar con un “museo personal” que iba enseñando a todas las personas que llegaban a visitarme. A cada quien le indicaba dónde lo había obtenido y porqué lo había colocado en un determinado lugar. Muchos de mis amigos empezaron a burlarse de mi nueva afición por estos objetos, pero su burla no era con malicia así que las aceptaba y seguía enseñándoles cuanto había aprendido sobre el Art Deco, no sólo de los vendedores de estos objetos, sino también mediante un aprendizaje personal que había llevado a cabo por medio del Internet, pero sobre todo de varios libros de arte que me había facilitado la amiga que me llevó a la exposición que desató mi nuevo gusto, y en los que pude encontrar datos que satisfacían mis dudas sobre esas líneas tan directas, y las formas geométricas empleadas en este estilo artístico.
De esta manera pude llegar a cumplir el reto que años atrás me había impuesto: vivir en un museo. Ahora contaba con las obras de arte, mis amigos eran los visitantes y yo me había convertido nada más y nada menos que en el guía que enseñaba e instruía a todos sobre estas piezas. Si bien, no estaban valoradas al mismo nivel que piezas de un verdadero museo, y constituían todas, muestras de un sólo estilo, podía estar muy orgulloso de saber que había convertido mi casa en mi museo.

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