INMUEBLES ACONDICIONADOS PARA ENRIQUECERSE
Soy de las personas que espera hasta el último momento para acudir al dentista, no creo que sea la única persona que hace esto pues hay muchos que, al igual que yo, sueñan con una curación espontánea de la caries y la desaparición casi milagrosa del dolor. Esto por supuesto nunca sucede y tarde o temprano tenemos que armarnos de valor y sacar cita con el dentista. En mi caso no puedo dormir la noche anterior, no por el dolor sino por la angustia. Sucede que desde niño nunca tuve buena química con los dentistas, quizá por la ocasión en que me extrajeron varias piezas dentales en una sola sesión, así quién va a querer regresar. En fin, con el tiempo me fui acostumbrando y acudo al odontólogo una vez al año. Por supuesto ya tengo mi dentista de confianza y no dejo que nadie más me atienda, si por alguna razón mi dentista no puede atenderme, postergo la cita hasta cuando pueda. A veces hay que esperar días y hasta semanas pues los odontólogos constantemente están perfeccionándose en base a cursos y congresos internacionales que los hacen ausentarse. Sin embargo, La última vez que acudí al odontólogo reparé en un detalle que hasta ese momento había pasado inadvertido y que, efectivamente, fue corroborado por mi dentista en una larga charla que tuvimos.
Para esto, una de las muelas superiores me había estado fastidiando durante el último mes, el contacto con el agua fría era doloroso al igual que el contacto con el agua caliente, pronto esa molestia se convirtió en dolor al masticar, lo que me hizo cambiar de lado a la hora de comer. Así toreé el asunto por un mes y más, hasta que un buen día, amanecí con esa parte del rostro un tanto hinchada. Fue ahí que recién solicité cita con Juan Antonio, mi dentista. Afortunadamente se encontraba en su consultorio y pudo atenderme ese mismo día. Cuando fui, me revisó la pieza dental y comprobó que estaba en muy mal estado. “Tienes un proceso infeccioso muy avanzado” me dijo, en tono solemne, como le gustaba asustarme. Sabía que estaba en las mejores manos y no me preocupé. “No puedo hacer nada” me dijo y, haciendo una estudiada pausa, completó la frase “hasta que resuma la infección”. Me recetó antibióticos fuertes además de potentes analgésicos para combatir infección y dolor al mismo tiempo, debía tomarlos por una semana al cabo de la cual debía regresar para que una endodoncia me fuera practicada. Era menester de Juan Antonio salvar la muela. Seguí las indicaciones al pie de la letra y me presenté a la semana siguiente, ingresé al consultorio y mi dentista pudo comprobar que la inflamación había resumido, por lo que procedió a la endodoncia. Su técnica es muy buena pues, a diferencia de otros odontólogos que utilizan anestesia en cada una de las cuatro o cinco sesiones que dura una endodoncia, Juan Antonio aprovecha la anestesia de la primera sesión de endodoncia para eliminar todo el nervio de la muela afectada y en las sucesivas sesiones pues ya no es necesario la aplicación de anestesia ya que no habiendo comunicación nerviosa, no hay dolor. Entonces las incomodidades de la anestesia quedan reducidas a unas cuantas horas en un solo día, lo demás es mero trámite. Pero ese no es el detalle al que me refería en el primer párrafo, el detalle tiene más que ver con las políticas de atención al cliente hacia las que se ha orientado el mercado actual de la odontología.
En efecto, conversando con Juan Antonio pude ver que, como en otros negocios, el tiempo de atención al cliente se ha recortado en los consultorios odontológicos. Las buenas noticias son que esto no ha alcanzado a las personas como Juan Antonio que tienen un elevado sentido de la responsabilidad médica. El recorte de los tiempos de atención sucede con mucha frecuencia en los actuales consultorios dentales múltiples, inmobiliarios acondicionados de tal forma que, en base a divisiones en sus estructuras, puedan albergar más de un consultorio independiente. En efecto, las clínicas dentales que tienen más de un odontólogo a su servicio y en las que la consigna es clara, no dedicar más de 45 minutos a un sólo cliente. El principal problema es que los dueños de estas clínicas son grandes capitalistas que han visto en la odontología un lucrativo negocio o, en todo caso, son odontólogos que han extraviado el rumbo y han sacrificado una buena y esmerada atención a favor de la acumulación de ganancias. En este sentido, lo mejor es acudir a consultorios dentales individuales, en donde el dentista en cuestión se tome el tiempo necesario para atender bien a su cliente, sin tener presiones laborales de por medio. Cierto es que los costos suben, pero bien vale la pena si se trata de conservar en buen estado nuestras valiosas piezas dentales. Ni la nobleza de la medicina se ha salvado de la crisis de valores que aqueja al mundo.

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