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CASA GRANDE, MENTE ESTRECHA

nadjaaa @ 17:59

Existen algunos inmobiliarios más acogedores que otros, ya sea por su ubicación o por la distribución de sus ambientes, pero lo determinante lo marcan los habitantes del inmueble. Cuando se trata de la casa de un viejo amigo, es muy difícil que uno se sienta incómodo y menos el día de su santo. Sin embargo a veces, hay malos entendidos que uno debe saber superar. Me gustaría contar algo que me sucedió el último fin de semana en que, sin proponérmelo, terminé siendo el punto de las conversaciones de una reunión. Eso no tendría nada de malo ni de extraño a no ser porque quien escribe no estuvo presente en dicha reunión.

 

            El motivo de la reunión era por el cumpleaños de mi amigo Renzo. En verdad, el día de su cumpleaños caía en día lunes pero por obvias razones había elegido el día sábado para celebrarlo en su casa en compañía de familiares y amigos. Año con año había sido una tradición reunirnos en la casa de Renzo para celebrar su cumpleaños. Lo más destacable de estas reuniones era el hecho de que el inmueble de mi amigo se convertía por unas horas en el punto de conjunción de varias generaciones. Los más jóvenes compartíamos con los padres de Renzo, sus tíos y también sus abuelos, todos a su vez con sus respectivos amigos, una verdadera fiesta a la italiana. Recuerdo una de aquellas ocasiones en que nos tocó reunirnos. Llegué muy puntual, a decir verdad fui de los primeros en llegar y pude ver como uno a uno iban llegando todos los actores del encuentro. Los amigos del vecindario llegaban juntos, siempre con las bolsas conteniendo el infaltable licor que se bebería en las próximas horas, poníamos la música a buen volumen y empezábamos temprano. Casi siempre la cosa arrancaba a eso de las cinco o seis de la tarde. A eso de las ocho de la noche comenzaba a llegar la segunda generación, vestidos más formalmente y llegando en punto para la cena en compañía de la tercera generación, mejor vestida aún para la ocasión. Algunos iban provistos de guitarras para improvisar unos pequeños cánticos luego de la cena. No sé cómo llegaba a entrar todo el cúmulo de personas pues el inmobiliario no era precisamente un chalet espacioso. En fin, esas reuniones se prolongaban hasta muy tarde, siempre en un ambiente de camaradería y respeto.

 

            Sin embargo, este año la cosa amenazaba con ser distinta porque mi amigo Renzo ya no decidía solo. Ahora tenía una novia. El me había llamado la semana anterior con motivo de mi propio cumpleaños y me dijo que pensaba hacer una reunión el día de su santo, como todos los años, pero que la idea era empezar más temprano, a eso de las dos de la tarde y prolongarnos hasta quien sabe que hora según sus propias palabras. Quedamos en que me llamaría para confirmarme bien lo de la reunión y nos despedimos. Pasaron los días y nunca recibí la esperada llamada dando luz verde. El mismo sábado tuve cosas que hacer pero no había ningún apuro porque llegara a la hora que llegara sabía que iba a encontrar buen ambiente y gente conocida. Fue así que a eso de las nueve de la noche, cuando recién pude desocuparme, tomé el teléfono y llamé a Renzo para ver por qué no me había llamado. Grande fue mi sorpresa cuando me decía por el hilo telefónico que la reunión estaba terminando y que él mismo ya se retiraba en compañía de su novia. Me sentí mal en ese momento, había fallado por un malentendido. Noté a Renzo un tanto resentido y me despedí excusándome.

 

            Ya en el curso de los sucesivos días, me enteré por intermedio de un amigo en común que la reunión había estado muy animada como siempre pero que la novia de Renzo había puesto un tope a la misma para poder estar a solas con él en la noche. Era de suponerse. También me enteré que fui el punto de conversación de la reunión gracias a mi inasistencia, se atrevieron a especular que mi novia no me había dado permiso. Pienso que fue una manera de lanzar indirectas a la novia de Renzo por haber fijado límite de tiempo para la reunión. ¿Cómo influye la mujer, verdad?

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