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PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE UN INMUEBLE

nadjaaa @ 18:11

He conversado con muchas personas que me dicen que la escuchar la palabra inmobiliario, inmediatamente su mente se imagina una serie de trámites engorrosos que tienen que ver con tasas de interés, hipotecas y demás figuras legales por las que se tiene que pasar. Esto de hecho es así y son normas legales por las que se tiene que pasar si es que uno pretende hacerse con un inmueble. Pero esa es sólo una parte de lo que se debe hacer cuando buscamos la propiedad de un inmueble. Además debemos contactarnos con un acertado agente inmobiliario que sepa dar una lectura precisa a nuestras necesidades y nuestros gustos para sugerirnos una serie de alternativas sin perder de vista lo relacionado a la financiación del inmueble. Digamos que esa es la parte fea del proceso. Pero nuestra mente puede ir más allá y concentrarse en el futuro que nos espera, podemos hacer una proyección de nuestros más anhelados sueños cuando de pensar en el inmobiliario se trata. Al respecto conversaba con mi esposa y planteábamos una serie de alternativas respecto a lo que siempre quisimos tanto en nuestras vidas de solteros como ahora que ya formamos pareja.

Recuerdo que cuando era soltero, mi idea fundamental era independizarme de mis padres y vivir sólo. La sola idea de tener que estar compartiendo el inmobiliario con personas de otra generación ya era insostenible a la edad de veinte años. La generación a la que pertenecen mis progenitores tienen una escala de valores muy similar a la mía pero el punto de quiebre es la rigidez. En efecto, creo que el principal problema, común a toda esa generación, es que no se han sabido adaptar al paso del tiempo. Una clara muestra de esto es el tema de las fiestas. Mis padres me cuentan que en sus tiempos las fiestas arrancaban muy temprano, tanto como las tres o cuatro de la tarde y a eso de las once de la noche ya todo el mundo se encontraba de vuelta en sus respectivas casas. Evidentemente pretender establecer un horario similar en estos tiempos es poco menos que una locura. Y justamente ese fue el mayor punto de discusión con mis padres, no querían o no podían entender que las reuniones de jóvenes arrancan a las diez de la noche y se prolongan hasta las primeras horas del amanecer y más. Tuve muchas riñas con mi padre por el tema de los permisos, era imperiosos para mí salir de mi casa por este tema pues ninguno de los dos estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. El segundo gran punto con que me tuve que enfrentar de joven, fue el tema de la privacidad. Por más que el inmobiliario sea grande, la privacidad implica ausencia de personas que no deben estar presentes en una determinada escena. Esto se hace muy latente cuando uno está con su pareja. Podemos estar en un ambiente de la casa, pero siempre rondará el fantasma de la inoportuna aparición de un tercero. Fue así que a los 21 años de edad, junté un poco de dinero y pude rentar una habitación de pequeñas dimensiones pero de gran privacidad. Ahora recuerdo con nostalgia que ni siquiera les di la dirección a mis padres ya que me preocupaba mucho que me fueran a buscar constantemente. A ese grado de hipersensibilidad llegué.

El caso de la que ahora es mi mujer fue distinto. Ella gozaba de mayor grado de libertad pues eran un total de siete hermanos a diferencia de mi caso que era yo el único hijo. Evidentemente aquí la obsesión paternalista no es un factor a tomarse en cuenta y la protección sobre los hijos pierde fuerza al repartirse los cuidados entre varios hermanos. Pero, como digo, el caso de mi mujer fue distinto, pues quedó embarazada a la temprana edad de 17 años. En ese momento se armó un gran revuelo en su hogar, pues su padre era el destacado juez de un tribunal y evidentemente era una afrenta para su hoja de vida y más en esos tiempos. Fue así que mi mujer quedó prácticamente proscrita y se marchó del hogar. Afortunadamente contó con el apoyo de una de sus amigas quine le ofreció alojamiento en su hogar mientras se resolvía su situación. Al mismo tiempo pudo hacerse con un trabajo y salió adelante poco a poco. En mi caso se puede decir que me acerqué a la idea de inmobiliario que tenía en mente originalmente, pero en el caso de mi mujer fue bastante distante de su propia idea de hogar. Ahora que vivimos juntos hemos decidido cumplir nuestros sueños originales y hacernos con un inmueble en las afueras de la ciudad aunque primero tengamos que pasar por todos esos trámites que todos quisiéramos evitar. Hemos prometido no hacer pasar a nuestros hijos todas las penurias que nos tocó vivir a nosotros en su momento.

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